Aunque realmente debería decir que lo que prefiero es que no me la den con queso o mejor aún que no me den gato por liebre y eso que no me voy a referir esta vez ni a bichos terrestres, ni a esos ilustres bocados vacunos de los que ya di cumplida cuenta no hace mucho.

Esta vez mi faro y mi guía va a ser fantástico cefalópodo que da fama a a Galicia entera y que se asocia a cualquier gallego allí donde vaya… El pulpo, el polbo como dicen al oeste del Eo.

«A mí que me la den con Pulpo»

Pero no quiero gastar mis energías y mi tinta de calamar en cualquier pulpo, no. Yo quiero hablar del pulpo de verdad de aquel que Cunquiero, que de esto sabía un rato, situaba en las rías de Ferrol, Marín, Arousa o Muros y que las pulpeiras de Sarria, la más famosas de la época despachaban por todas las feíras da nosa terra.

Este no es lugar para hablar de esos pulpos que vienen allende los mares de tierras cálidas y alejadas de las verdes costas galaicas. Alimentados vaya usted a saber con que bichos, que en nada se parecen a los de las rías de nuestra tierra con los que estos reyes del escapismo se regalan a diario.

De todas las mencionadas por don Álvaro, la que ha quedado para la posteridad por sus deliciosos ejemplares es la de Marín, capital Bueu. A la de Ferrol le van más los chipirones, que son de usía, aunque ese es otro santo y merece comentario aparte.

En la península del Morrazo, en esa ría, en el entorno de la isla de Ons, zona de gran riqueza en sus fondos marinos con multitud de especies como almejas o nécoras y peces por castigo, es donde tiene su hábitat, crece, se alimenta y vive el bulbo liliáceo como gustaba llamar irónicamente al pulpo, al gran Julio Camba.

«A mí que me la den con Pulpo»

Y es aquí, precisamente aquí, en la playa de Beluso, en Bueu, donde tiene su sede una empresa familiar, Pulpo Portela o Hermanos Portela, de gran tradición en la zona por sus buenas artes, de pesca, y por ofrecer a sus clientes sólo el polbo das rías, principalmente de la suya, pescado en temporada, con o bote polbeiro y que sin encomendarse a ningún patrón trae de esas santas aguas en los meses de otoño e invierno todo el pulpo que tiene a bien dejarse caer por sus aparejos.

Los herederos del mítico Tinso, fundador de la empresa, David y Felipe son los encargados de no salirse del camino marcado ni un milímetro y caer en la tentación de otros polbos de otras latitudes y otros paladares menos delicados, que non fallan galego y saben a poco en a feira de San Froilán.

El suyo, el de su ría, sabe a salpicón de mariscos y a mariscada de fin de año, y cuando le hacemos la prueba del nueve el animalito sale como un tío y dice: ¡aquí estoy yo!!.

Delicioso a la brasa, con cachelos, en empanada… ¡De este me gustan hasta los nadares!! que diría el castizo. Pero reconozco que me quedo con el que le gustaba a don Álvaro, a feira, a la sombra y con una buena rebanada de pan Cea para que se ponga contenta la paisana. Y llena la panza, sale la danza: “Bailaches Carolina, bailé si señor, dime con quien bailaste, bailé con meu amor….” ¡Viva San Martiño!